
JESÚS, SEÑOR DE
ACAPULCO, GUERRERO. MÉXICO.
NOVIEMBRE 14 DE 1996.
- Amado hijo... amado hijo...¿por qué me has abandonado? -
- Padre... ¿qué puedo hacer? -
- Solamente escribe... escribe sin detenerte porque muy pronto la furia de mi Padre caerá sobre los tuyos y muchos justos como pecadores serán víctimas de sus propios pecados.
Descifra, hijo mío, las frases que te doy.
Estudia y analiza con detenimiento cada palabra y persevera en el aprendizaje para que pueda por tu conducto salvar muchas almas.
Cree en tu Señor, hijo mío, cree en tu Padre y fructifica en tu corazón con bienaventuranza cada frase que te otorgo.
Amado hijo, escúchame y reflexiona. Olvida las múltiples circunstancias que la vida coloca en tu camino y solo piensa en mí, piensa en mí como tu Padre a quien todo confías, como tu maestro, en quien encuentras enseñanza y consejo y pide, nunca pides, hijo mío, ¿por qué nunca pides, si todo te lo puedo dar sin reserva? -
- Padre, tú sabes mis necesidades. -
- En efecto, hijo, bien sé tus necesidades, mas sin embargo con el pedir está el dar, no olvides que siempre que estés frente a mi presencia puedes pedir y yo te daré también con esa confianza que en mí depositas como sabedor de todo.
Amado hijo, fructifica en tu enseñanza y aprende, aprende siempre en sabiduría y en humildad, olvidando la arrogancia de espíritu que a nada agradable conduce.
Amado hijo, escucha mi corazón y observa y palpa la fuerza desenfrenada que en él se encuentra, porque con esa misma fuerza amo a todos mis hijos por igual, aún a aquellos que dudando de mi presencia me tienen como su redentor en el mundo.
Inspírate siempre en mí, amado hijo, para que pueda descender sobre tu cabeza y formar parte de tus letras.
¡Tanto tengo que enseñarte, amado hijo!
¡Tanto tengo que decirte y hacerte ver para la salvación de las almas del mundo entero!
¡Tanto tengo que aconsejarte!... que con tanta paciencia y devoción constante transmitiré en ti la enseñanza para que puedas concederla a tus hermanos.
Amado hijo, piensa siempre en mí y en mi Madre, María Santísima, quien también tanto te otorga en la enseñanza.
Fructifica en tu espíritu, hijo mío y sigue siempre adelante sin olvidar que siempre te acompaño en el camino.
Que la gracia de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo sea contigo.-
JESÚS, SEÑOR DE
ACAPULCO, GUERRERO. MÉXICO.
NOVIEMBRE 15 DE 1996.
Hijo mío, ven, toma pluma y papel y escribe, hijo mío, que soy contigo.
Deja que Eprahím y los suyos se hagan cargo de los seres del círculo de oscuridad que se hacen presentes, sin embargo te digo que no tienen potestad sobre ti.
No uses espada y deja que mi guardia angélica se haga cargo siempre de los enviados de satanás, que no descansa y busca siempre la perdición de las almas.
No te distraigas, hijo mío, y fructifica en espíritu, fructifica y limpia las asperezas de tu corazón para que pueda servirte por siempre jamás en amor y gloria de Dios Padre, en amor y gloria de Dios Hijo y en amor, poder y gloria de Dios Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
Amado hijo, no te sorprendan los grandes secretos que tiene el mundo y pronto han de florecer porque todo a su tiempo ha de cumplirse.
Observa que a través de las humanidades muchas enseñanzas he vertido sobre mis hijos y a aquellos que aún son conmigo les has de diferenciar con el amor que tienen para con su prójimo. Porque de cierto, hay muchos que en sus miserias tecnológicas creen tener potestad sobre el todo de aquí, de ahora y siempre, mas sin embargo no conocen siquiera el origen del suelo que pisan ni la estructura de las moléculas que los forman.
Amado hijo, ¿de qué les sirve tanto poder y tanta gloria en conocimiento, si no fructifican en amor?, porque ciegos son a los ojos de Dios Padre todopoderoso y algún día durante la secuela del juicio pagaran sus penas con rigor y sus odios serán echados a las cavernas inhumanas del Eufrates, para que sientan paguen con el crujir de dientes, las blasfemias vertidas a mi Padre.
Amado hijo, yo, tu maestro, JESÚS DE NAZARETH, a muchos instruyo alrededor del mundo y me gozo de ver que mis hijos, en humildad son mil veces más fuertes que el mas fuerte poder que en conocimiento tengan estos seres desagradecidos con su creador, porque he ahí que conocida te es la fortaleza de la humildad.
Amado hijo, fructifica en tu espíritu; no pienses que la gloria de mi Padre está lejana, porque de cierto te digo que desde que pisas al principio del día sobre la cara de la tierra, hasta que te acuestas nuevamente en el lecho de descanso, su gloria es contigo.
Ama siempre a mi Madre, hijo mío, ámala y venérala porque mucho hace por todos sus hijos.
Ve que mucho se alegra cuando piden a Dios Padre Celestial por la fortaleza de su manto de salvación para que cubra con potestad el mundo entero. Ámala, hijo mío, y comprende las enseñanzas que te otorgue en sus diferentes vestiduras, porque te es concedido por Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
Amado hijo, fructifica, fructifica y no te detengas, no pares nunca en la busca de la gloria de mi Padre y enorgullece tu espíritu con humildad y amor, porque de cierto será el principio de la nueva gloria que concederá a sus hijos por siempre jamás.
Ama a tus Padres, hijo mío, como a tus hermanos, ama a todo el mundo y con fe en Cristo, tu Dios encarnado que se hizo hombre, tu maestro que te permite profetizar y otorgar la enseñanza hacia los tuyos, reverdece las almas que creyeron ser secas por no vislumbrar en sus corazones las chispa divina de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
JESÚS, SEÑOR DE
ACAPULCO, GUERRERO. MÉXICO.
NOVIEMBRE 16 DE 1996.
Amado hijo, note detengas y escribe... escribe...
Ve que mis hijos del pequeño rebaño de ovejas de mi Madre María Santísima, de corazón noble son y buscan el camino hacia el arca de salvación que conducirá mi Madre a la gloria de mi Padre Celestial.
Hazles saber que de cierto les digo que todos aquellos que de mi Madre se acuerden junto a la justicia redentora de mi Padre, de cierto no morirán y serán amparados de la justicia divina con el manto de luz que mi Madre tiende alrededor del mundo entero, porque
Amado hijo, amado hijo, amado hijo, fructifica en espíritu y con la gracia y gloria de Dios Padre, con la gracia y gloria de Dios Hijo y con la gracia y gloria de Dios Espíritu Santo, ora siempre con los tuyos por los mas necesitados en el mundo entero y pide, pide, pide sin detenerte a
En causa a mi rebaño y otorga el conocimiento que te es concedido siempre con amor y Misericordia y observa que ellos también buscan la luz y por tu conducto les es concedido para que fortalezcan su fe y estén cuerdos de que su Dios es un Dios vivo y no yace en las entrañas de la sepultura, en los confines infinitos de los cielos.
Amado hijo, ora siempre por los tuyos y pide a mi Padre Celestial por la conversión de los pecadores para que aquellos que no pueden observar la luz, sean iluminados en sus corazones con devoción constante y logren la santificación de sus almas por siempre jamás en la vida perdurable a través de todos los siglos de los siglos, en gracia, poder y gloria de Dios Padre, en gracia, poder y gloria de Dios Hijo y en gracia, poder y gloria de Dios Espíritu Santo; con la luz y el florecimiento de mi jardín dorado a través de todos los tiempos por siempre jamás.
Amado hijo, fortalece tus clamores a mi Padre y pide, pide siempre, no te apene el pedir porque de cierto tus peticiones serán atendidas en justicia y con amor, plenamente convencido de que todas tus peticiones serán para el bien de tus hermanos, amando siempre a tu prójimo.
Continúa siempre adelante para que tu flor no se marchite.
Amado hijo, escucha en sabiduría y fortalece tu conciencia siempre, que no claudique tu espíritu de lucha y que predomine siempre la paz en tu yo interno para que la sabiduría no sea atrofiada con las pequeñas tribulaciones de tu vida.
Amado hijo, fructifica en tu espíritu y otorga la enseñanza hacia mis hijos, cuidando siempre de que la enseñanza que te otorgo, no caiga en las manos de los prevaricadores para que no obstaculicen por ahora tu crecimiento.
Ama siempre y recuerda que mi muerte y mi sufrimiento fueron por el perdón de los pecados del mundo entero y brindé mi amor que aún perdura y perdurará aún en las razas venideras por siempre jamás.
Amado hijo, no desmayes en el camino y prevalece siempre en el camino hacia mi Padre; cumple los mandatos en santa paz y armonía y florezca tu espíritu para la redención de las almas que tanto necesitan de mi luz y de aquélla que anhelan mi gloria.
Que la gracia de Dios Padre, de Dios Hijo y de Dios Espíritu Santo sea contigo.-
- Así sea.-
- No olvides que la enseñanza que te otorgo es para ser transmitida a mis hijos.-
- Sí Padre. –
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